HAFTARÁ NOAJ - 5786
(IESHAYAHU 54:1-10)
Willam Rodríguez Tapia
willammisionero@gmail.com
SÍNTESIS — Los comentaristas judíos (clásicos y modernos dentro de la tradición rabínica) leen Ishayahu 54 como parte de las “haftarot de consolación”: textos dirigidos a Israel en un momento de humillación promesa de retorno y garantía de la alianza. La mayor parte de los comentaristas enfatizan la continuidad del mensaje de consuelo. Para el análisis histórico-literal dentro de la tradición judía, se pone atención en la experiencia del exilio destierro y la esperanza de redención de la Era del Mashíaj enfatizada por el Naví.
I. LA RELACIÓN ENTRE LA PARASHÁ NOAJ Y LA HAFTARÁ DE IESHAYAHU 54:1-55:5
Un pasuk de esta profecía parece indicar la razón de su elección como Haftará para la parashat de Noaj: "Porque esto es como las aguas de Noaj para Mí; como prometí que las aguas de Noaj no cubrirán más la tierra, así prometí que no me enojaré contra vosotros...”.
Las "aguas de Noaj" se refieren claramente a las aguas del Mabul y, de hecho, Noaj y el Mabul se encuentran en el centro de toda la primera parte de la Parashá de esta semana.
II. DEL EXILIO A LA RESTAURACION
Comenzaremos diciendo que en el inicio del a haftará el texto de Yeshayahu usa una alegoría de la mujer estéril y desolada para hablar de Israel y de Jerusalén: la estéril se convierte en fecunda por la acción del Eterno; la función retórica de “cantar” como signo de alegría pública tras la restauración, y eso nos muestra que la figura de “estéril” simboliza la nación humillada por la derrota y el destierro y por consiguiente Jerusalén quedo destruida, sin santuario y desprovista de habitantes, sin embargo la promesa es que esa estéril tendrá más hijos determinando un cambio drástico a una condición de esperanza, restauración y expansión.
La “tienda” que debe ensancharse no es otra cosa que reconstrucción y de apertura a un desarrollo geográfico y demográfico, aumentar cuerdas y estacas implica tomar posesión del territorio y asegurarlo. Esa imagen conecta lo doméstico (la mujer) con lo político/territorial (la tienda/ciudad).
Estas dos alegorías la mujer estéril y tienda que se ensancha trabajan en paralelo como tipo de restauración y reparación íntima como pueblo y a su vez será apreciada por el conjunto de naciones a manera pública.
Ishayahu 54:3–4, dentro del marco de la tradición judía, es un pasaje profundamente esperanzador pero exigente: promete la reversión de la humillación colectiva, pero lo hace mediante imágenes que requieren acción humana (ensanchar, alargar cuerdas, reforzar estacas). Los comentaristas clásicos brindan lectura literal-metafórica: restauración demográfica y territorial. El Rabino Loor R. Jonathan Sacks, suele usar Yeshayahu 54 para articular la resiliencia judía: la promesa de restauración exige reconstrucción ética y comunitaria. Él lee el “olvido de la vergüenza” como cura social que permite al pueblo recuperar dignidad sin negar la memoria moral (es decir, recordar sin quedar aprisionado por la vergüenza).
Ishayahu 54:5–6 Estos pasukim constituyen el corazón de la Nevuà en el Perek 54. Después de las imágenes de restauración espacial (ensanchar la tienda) y anímica (olvidar la vergüenza), los pasukim 5–6 presentan la razón profunda de esa restauración: la relación entre El Eterno e Israel es conyugal y redentora.
Las expresiones “Tu Hacedor es tu esposo” (כִּי בֹעֲלַיִךְ עֹשָׂיִךְ), ““Adonai Tzevaot... el Santo de Israel”, “Mujer abandonada... esposa de juventud”: El hebreo combina dos raíces bara/asah (crear/hacer) y ba’al (poseer, desposar). El texto enlaza creación y el matrimonio: el mismo El Eterno que hizo al pueblo ahora lo declara como cónyuge. El atributo de ser el Poderoso de los ejércitos celestiales, tiene una rubrica a nivel cósmico, con santidad particular (Santo de Israel). Indica que la redención de Israel tiene un reconocimiento de todas las naciones debido a que Él es el “Poderoso de toda la tierra”. La Imagen doble una mujer primero repudiada, luego llamada y recuperada. La esposa de juventud alude a la relación primigenia en el Sinaí (Israel como novia). El texto evoca la ruptura (exilio) y la reconciliación (redención). De lo cual se puede deducir que la relación conyugal expresa no solo amor sino alianza existencial representado por el Pacto en Sinaí donde el Eterno es creador y esposo; Israel, creación y esposa. por lo cual, El “llamado” del Eterno a la esposa abandonada expresa empatía más que reproche. Esta doble identidad une lo cósmico y lo particular, y esto es lo que a su vez establece a La redención es un proceso de restauración y no de sustitución, es el mismo Israel reconciliado. El vínculo matrimonial es sólido e indisoluble.
III. EL MOTIVO DEL “OCULTAMIENTO DEL ROSTRO”
Ishayahu 54:7-8 El concepto de hester panim —“ocultamiento del rostro”— tiene profundas raíces en el entendimiento judío. En Devarim 31:17–18, Hashem anuncia que ocultará Su rostro como castigo por la infidelidad de Israel.
El Gaón de Vilna explica que este ocultamiento no es abandono, sino una prueba de confianza, en la que Israel debe buscar al Eterno sin señales visibles de Su presencia. Asi mismo El Zohar (III, 113a) describe este ocultamiento como una retirada de la Shejiná que causa exilio y sufrimiento, pero cuya reversión (el retorno de la compasión del Eterno) es la esencia de la Gueulà Shelema.
El mensaje reafirma la continuidad del pacto entre El Eterno e Israel, rechazando cualquier noción de sustitución o ruptura definitiva, debido a que el exilio (particularmente el babilónico y, por extensión, todos los posteriores) es un fenómeno formativo y educativo, no punitivo absoluto, donde la ira revela la seriedad de la transgresión al Pacto, pero la compasión revela la profundidad del amor del Eterno por Israel.
La ira divina es transitoria; la misericordia, eterna, y eso es lo que queda demostrado que Israel, aun cuando experimenta la lejanía de Hashem, sigue siendo Su esposa y Su pueblo elegido.
Como escribe Rav Samson Raphael Hirsch: “La ira del Eterno es la sombra de Su amor. Solo quien ama profundamente puede dolerse tanto de la traición del amado, y solo quien ama eternamente puede perdonar de forma tan absoluta.”
De esta manera es como esta Nevuá transforma el dolor del exilio en promesa de renovación: una redención que no solo devuelve a Israel a su tierra, sino al abrazo eterno de su Creador.
IV. “LAS AGUAS DE NOAJ”
Ishayahu 54:9-10 La expresión “las aguas de Noaj”, en un pasaje que transmite consuelo tras el sufrimiento del exilio. El Naví compara la ira de HaShem con el Mabul, pero promete que, así como Él juró no volver a destruir el mundo por agua, también promete no volver a castigar a Israel con ira eterna.
Este paralelismo entre el Mabul y el exilio revela una estructura lingüística de destrucción seguida por renovación. El castigo no es el fin, sino el medio para una transformación trascendental e interna. Este pasaje discute cómo el Mabul fue una respuesta a la corrupción moral, pero también una oportunidad para reiniciar la humanidad. En paralelo, el exilio es una respuesta a la transgresión colectiva, pero también una etapa hacia la redención.
Así el Zohar, Parashat Noaj, interpreta las “aguas” como energías espirituales que limpian las impurezas del mundo. El Mabul no fue solo físico, sino también metafísico. Esta idea se alinea con el Midrash al ver el exilio como una forma de preparación para la pureza almática de todo Israel.
Rambanm Najmánides, sobre Bereshit 9:11 Ramban señala que el pacto del arco iris no solo implica la no repetición del Mabul, sino también una promesa de estabilidad cósmica. Ishayahu retoma esta idea para aplicarla a la historia de Israel: tras el caos, viene el orden determinado por El Eterno.
De esta manera la Nevuá transforma la memoria del midat HaDin – el juicio estricto (el Mabul) en una garantía de consuelo eterno. La justicia de HaShem no es destrucción, sino restauración; Su ira no es ruptura, sino preludio del amor reconciliador. Como resume Rav Hirsch: “El Mabul fue el final del viejo mundo y el inicio de uno nuevo; así también, el exilio será el final de la separación y el comienzo de una unión eterna. La tormenta cesará, pero el arco del pacto —el arco de la paz— permanecerá en el cielo de Israel para siempre.”
V. EL HAMBRE DEL ALMA
Ishayahu 55:1-2 Esta parte de la nevua nos muestra, tras anunciar la restauración de Israel y la fidelidad del pacto, invita al pueblo a retornar a Hashem mediante una imagen de elevación almática: agua, vino y leche ofrecidos gratuitamente.
El texto marca el paso de la promesa de redención (cap. 54) a la llamada al retorno activo (teshuvá). Según Radak, esta es una invitación general, pero especialmente dirigida a Israel, para que abandone las ilusiones de los bienes materiales y abrace la plenitud que proviene de la Torá y la sabiduría divina.
Se argumenta que el texto propone una teología del acceso libre a la Torá, la profecía y la santidad, en contraste con los valores materiales y transaccionales.
El pasaje inicial “¡Oh, todos los sedientos, venid al agua!”, establece el matiz del perek 55, como un llamado a la restauración por medio de la teshuvá y el conocimiento aplicativo de la Torá, como se expresa en Bavá Kama 17a: “Así como el agua da vida al mundo, la Torá da vida al alma”. El Midrash Rabbá, en Shir HaShirim 1:19, profundiza esta idea al vincular la “sed” con la neshamá que anhela su fuente espiritual, como un alma exiliada que busca reconectarse con su origen (Bereshit Rabbá 1:19).
Gratuidad del conocimiento: Y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed”) introduce una retórica que Rashi interpreta como enseñanza: el conocimiento de HaShem no se adquiere con riquezas, sino con dedicación y deseo (Rashi sobre Ishayahu 55:1). Esta idea se refuerza en Pirkei Avot 6:4, donde se describe la senda de la Torá como una vida austera pero plena de sentido: “Come pan con sal, bebe agua medida, duerme en el suelo y dedica tu corazón al estudio” (Avot 6:4). Mientras que Maharal de Praga, en Netivot Olam, afirma que el conocimiento espiritual no se transa, sino que se recibe con humildad (Maharal, Netivot Olam, Netiv HaTorah, cap. 1).
Niveles de comprensión almática de la Torá: “Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”) introduce dos nuevos símbolos. Según Berajot 57b, el vino representa el sod (los secretos de la Torá), mientras que la leche simboliza la dulzura de los principios morales (Berajot 57b). a su vez Malbim distingue entre agua (Torá), vino (profecía) y leche (sabiduría interna), proponiendo una jerarquía de alimento espiritual (Malbim sobre Ishayahu 55:1). Abarbanel añade que el vino representa la alegría del cumplimiento de los mandamientos, y la leche, el alimento inicial para los principiantes (Abarbanel sobre Ishayahu 55).
Crítica al materialismo desmedido: “¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan?”, Rashi interpreta “pan” como la Torá, y “lo que no es pan” como los valores vacíos de las naciones (Rashi sobre Ishayahu 55:2). Radak añade que “gastar dinero” significa invertir el alma en metas que no nutren el espíritu (Radak sobre Ishayahu 55:2). Malbim resalta la ironía: los seres humanos buscan saciar su vacío con cosas que aumentan su hambre. Solo la dvar Hashem (palabra del Eterno) satisface verdaderamente (Malbim sobre Ishayahu 55:2).
Escuchar y comer lo bueno: “Oídme atentamente y comed lo que es bueno”, refuerza la idea de que la comprensión activa de la Torá alimenta el alma. Ramban sostiene que el verbo shimu implica una escucha profunda y transformadora (Ramban sobre Ishayahu 55:3). Midrash Tehilim 34:9 asocia “comer lo bueno” con el deleite en las mitzvot (Midrash Tehilim 34:9).
El deleite del alma: “Y se deleitará vuestra alma con manjares” culmina la progresión espiritual. Rav Kook, en Orot HaTeshuvá, lo vincula con la alegría del retorno al Eterno (Kook, Orot HaTeshuvá, cap. 15). Malbim destaca que este deleite no se agota, sino que acrecienta la sed de lo divino (Malbim sobre Ishayahu 55:3).
El texto utiliza metáforas de sed, alimento y gratuidad para expresar que la Torá, la profecía y la santidad están disponibles para todos los que las buscan con sinceridad. Los comentaristas judíos coinciden en que el verdadero alimento del alma proviene del contacto con lo eterno, y que este contacto no requiere riqueza, sino deseo, humildad y apertura espiritual.
En palabras de Rav Hirsch: “El hambre del alma no se sacia con oro ni con poder; solo la palabra del Eterno nutre al espíritu. Y cuando el alma bebe de esa fuente, no conoce más carencia, porque ha hallado su propio origen.”
VI. EL PACTO CON DAVID Y LA ESPERANZA DEL MASHIAJ
Ishayahu 55:3-4. El texto aquí descrito, transita desde el símbolo de la abundancia (agua, vino, leche) hacia el contenido del pacto: una renovación del vínculo davídico que garantizará la continuidad de Israel.
“Inclinad vuestro oído y venid a Mí”, Este llamado no es solo una nevua, sino existencial que demanda una teshuvà (retorno) a escuchar la Davar de HaShem con disposición interior: el oído se convierte en el órgano del alma que sugiere humildad: el alma que reconoce su limitación se abre al mensaje eterno, capaz de reorientar la vida hacia la fuente de la vitalidad espiritual.
“Y haré con vosotros pacto eterno, las bondades fieles de David” El mensaje central es que la redención futura no depende del mérito humano, sino de la fidelidad del amor del Eterno, sellado en el pacto con David. Según las fuentes judías, este pacto eterno es una renovación del brit original entre Hashem y David (cf. II Samuel 7), donde se promete la continuidad de su descendencia en el liderazgo espiritual y político de Israel, asi se distingue entre el brit Sinai (pacto de la Torá) y el brit David: el primero establece la ley; el segundo, la realeza y la esperanza mesiánica. Aquí Ishayahu proyecta una síntesis: el pacto eterno combina la Torá y el reinado justo, simbolizados en David. Como lo establece el Radak (Rabí David Kimji)
“las bondades fieles de David”, en este punto el Ramban señala que “הַנֶּאֱמָנִים” (fieles) indica la absoluta confiabilidad en HaShem: incluso si Israel peca o se dispersa, la chesed (misericordia) de Hashem permanece inmutable. Es por eso que el Malbim subraya que “las bondades de David” representan la unión entre justicia y misericordia, cualidades que caracterizan al Mashíaj ben David.
“He aquí que Yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y maestro a las naciones” ¿Quién es el “testigo”?
Rashi y Radak interpretan que “él” se refiere a David mismo o a su descendencia de manera general pero en particular al Mashiaj: el rey justo que, al gobernar conforme a la Torá, sirve de testigo ante las naciones del poder y fidelidad de Hashem. Como lo establece Rav Kook escribe que “la grandeza de David no fue su espada sino su espíritu”; el liderazgo en la era del Mashiaj será educativo (metzavé le'umim), enseñando ética, justicia y compasión a todas las naciones.
El Maharal de Praga en Netzach Israel enseña que el Mashíaj será un “testigo” (ed) de la unidad divina en el mundo físico, cumpliendo la visión de Ishayahu: “por jefe y maestro de los pueblos”. La palabra metzavé no implica dominación, sino orientación moral y espiritual.
Estos pasukim revelan que el propósito de la redención no es solo nacional, sino que el mundo mismo será observador y testigo y en cierto sentido también formara parte del mismo. El pacto con David, sostenido por la Jesed ne’emaná (misericordia fiel), constituye el eje entre la historia de Israel y la educación espiritual de la humanidad.
Como resume Rav Hirsch, “el oído que escucha al Eterno abre el camino para que el mundo escuche a Israel”. En esta visión, Ishayahu 55:3–4 no solo renueva la alianza, sino que anuncia el destino para con el mundo en ultima instancia de la fidelidad davídica como luz para las naciones.
Ishayahu 55: 5 La restauración del “pacto eterno” y del “testigo a las naciones” como se vio previamente, se traduce aquí en el efecto de beneficiar también a las naciones, la conversión almática de los justos entre las naciones para conocer y Servir al Eterno el Elohim de Israel.
La promesa hecha a David de que su descendencia sería “una luz para los pueblos” (cf. II Shemuel 7, Tehilim 89) se actualiza en Ishayahu 55:5; donde Israel, en su rol de una nación modelo para iluminar al mundo, no impone dominio, sino que se convierte en canal de iluminación moral, cumpliendo asi lo establecido con Avraham Avinu: “en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra” (Bereshit 12:3).
De tal manera que la fidelidad al pacto, la sabiduría y la santidad de Israel producirán un magnetismo espiritual sobre las naciones. La influencia de Israel a formar parte del proceso de esta nevuá no es imperialista, dominante ni triunfalista, sino instructiva y revelador. Israel, restaurado por la jesed del Eterno, se convierte en el testigo del Santo de Israel ante el mundo, y el honor que recibe no es suyo, sino el reflejo de la Presencia Divina que mora entre ellos.
Como enseña Rav Hirsch, este pasaje revela “la culminación del destino judío: servir de vínculo entre el Eterno y la humanidad”.
En términos del midrash, esto refleja el cumplimiento de Zejaria 8:23 —“Diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán el borde del Talit de un judío diciendo: iremos contigo, porque hemos oído que HaShem está contigo”.
Con esto queda establecido claramente que Israel, al ser honrado por Hashem, no se exalta sobre los demás pueblos, sino que los eleva con él hacia la fuente de toda vida.
VII. CONCLUSIONES
El profeta Yeshayahu promete un futuro de redención para Israel, comparando el exilio con el Mabul en tiempos de Noaj. Así como El Eterno juró no repetir el Mabul, también promete no volver a exiliar al pueblo judío. Asi las aguas de Noaj”: El Mabul se llama así porque Noaj no intercedió por su generación, a diferencia de Moshé, que sí lo hizo por Israel. Esto nos enseña como los Tzadiquim tienen el poder de cambiar decretos con la Tefilá y los actos de bondad. Por lo cual esta haftará conecta la Esperanza y reconstrucción donde Jerusalén será restaurada después de este largo exilio, establecida y habitada, como un reflejo de lo que aconteció al mundo que fue purificado en agua pero que luego fue rehabitado tras el Mabul, por lo cual esta esperanza de terminar con el exilio y la restauración de Israel será guiada por el Mashíaj, descendiente de David.
REFERENCIAS: MIKRAOT GEDOLOT, DA’AT MIKRA
Tanaj– texto base de Isaías 54 y 55.
Bereshit (Génesis) 12:3 – promesa a Abraham de ser bendición para las naciones (paralelo con Isaías 55:5).
II Shemuel (Samuel II) 7 – pacto eterno de Dios con David (fundamento del “brit olam” en Isaías 55:3).
Tehilim (Salmos) 89:4, 50–52 – las “misericordias de David” (jasdei David ha-ne’emanim).
Zacarías 8:23 – las naciones aferrándose al manto del judío (refuerzo para Isaías 55:5).
Talmud Bavlí, Berajot 32b – la fidelidad del amor divino incluso tras el exilio.
Midrash Rabbá – Shir HaShirim 2:13 y Eijá Rabbá 1:1 en relación a Isaías 54:5–6.
Midrash Tehilim 89 – la interpretación mesiánica del pacto de David.
Talmud Bavlí, Sanedrín 98a – descripción del Mashíaj ben David como maestro para las naciones.
Sifrei Devarim 343 – Israel como testigo del Santo, paralelo al “ed le’umim” (Isaías 55:4).
Midrash Tanjumá, Nitzavim 1 – el pacto eterno de Israel con Hashem nunca se rompe.
Comentarios sobre Isaías 54:1–10 y 55:1–5.
Rashi (R. Shlomo Yitzjaki, s. XI, Francia)
Ibn Ezra (R. Abraham ibn Ezra, s. XII, España)
Radak (R. David Kimji, s. XII–XIII, Provenza)
Ramban (R. Moshé ben Najmán, s. XIII, Gerona)
Ralbag (R. Levi ben Guershom, Gersonides, s. XIV)
Malbim (R. Meir Leibush ben Yehiel, s. XIX, Europa del Este)
Maharal de Praga (R. Yehuda Loew, s. XVI) – Netzach Yisrael
Rav Samson Raphael Hirsch (s. XIX, Alemania)
Rav Kook (R. Abraham Itzjak HaKohen Kook, s. XX, Eretz Israel) – Orot HaTeshuvá, Orot Yisrael
Rav David Kimji (Radak) – (Isaías 54:7–8).
Zohar (II, 116b) – (ref. Isaías 54:5–6).
Rav Saadia Gaon – visión del brit olam como continuidad moral de Israel en el exilio.
Rav Moshe Luzzatto (Ramjal), Derej Hashem – Israel como canal de luz espiritual a las naciones.
Brit olam (pacto eterno) → Rashi, Radak, Ramban, Ibn Ezra.
Israel como “ed le’umim” (testigo de las naciones) → Malbim, Sifrei, Zacarías 8:23.
Teshuvá y misericordia divina → Rashi, Talmud Berajot 32b, Midrash Tanjumá.
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